Había volado

Diez días completos.

Diez días completos con sus noches

y sus sueños.

 

Había volado,

con su hija

a veces,

a veces

solo.

 

Había estado en un  pueblo pesquero,

en el Gran Cañón,

en un recital de piano y

en un funeral.

 

Había volado,

sin duda

había volado.

 

Pero ahora tocaba pisar tierra firme.

 

Se fue a la ducha.

 

En el dormitorio le esperaba

un disfraz

con corbata.

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Frío

La mujer intenta protegerse del frío mientras espera que su jefe le abra la puerta.

Le esperan doce horas en la caja.

Solo es viernes.

En alguna parte de la ciudad, otra mujer se encarga de criar a su hija.

Libertad condicional

Los viernes por la tarde empezaba a disfrutar de la libertad condicional. Eran casi tres días de lecturas de otros, técnicas de escritura y de apuntes en un cuaderno de sueños.

El domingo por la tarde se acababa el baile y los lunes se reincorporaba a su puesto de trabajo.

Cada vez le resultaba más difícil compaginar dos mundos tan opuestos.

—Algún día reuniré el valor suficiente— se decía.

Pero llevaba quince años así.

Quizás mañana.

Quizás no.

Recuerdos de una mañana de invierno

Así empezó. Empezó, Folco, con esa sensación de libertad infinita que deseo a todo hombre o mujer del mundo.

Tiziano Terzani

Serían las doce del mediodía de un día soleado de invierno. Me encontraba en el despacho de mi jefe, preparando una reunión que teníamos un día después. El despacho da a una terraza de unos diez metros desde donde hay una vista espectacular del Aljarafe. En un descanso, un compañero me preguntó si sabía el nombre de un pájaro negro que estaba posado sobre una maceta. —Están por todas partes y tengo curiosidad— me dijo. Miré por la ventana y lo vi. Un pájaro negro, del color de mi traje, con un pico rojo ni grande ni pequeño. —No tengo ni idea— contesté.

¿Qué más daba? Sentí envidia del pájaro, mucha envidia. El pájaro estaba disfrutando de una mañana cojonuda al aire libre y ahí estaba yo, enchaquetado y encerrado, preparando una estrategia de negociación que probablemente mi jefe cambiaría de arriba abajo minutos más tarde. El pájaro, Pájaro, era libre, podía salir volando en cualquier momento y seguir disfrutando de ese impresionante día de invierno. Y lo hizo; desplegó sus alas y se alejó lentamente, sin prisa, con elegancia.

Yo me quedé en el despacho discutiendo cosas de hombres y deseando que a mi traje le crecieran un par de alas para poder acompañarle. No sucedió.

Cinco minutos después mi jefe cambió la estrategia de negociación. Sucedió hace casi un año. No recuerdo qué íbamos a negociar. A Pájaro lo recuerdo perfectamente.

Ambición

Me han ofrecido un ascenso.

En Australia.

Sueldo impresionante.

Casa, la más grande.

Colegio, el más privado.

He dicho que no.

Mi vida no está en venta.

Por ahora.

¡Qué poca ambición!

¡Qué miras más cortas!

¿Seguro?

Soy ambicioso,

de miras amplias.

Es sólo que miro en otra dirección.

Mi vida no está en venta.

Por ahora.