Adiós maestro

El lunes pasado, a la edad de 74 años, falleció el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano.

Me gustaba su prosa sencilla y a la vez cargada de significado. A lo largo de los últimos años, en alguna ocasión en la que me he sentido bloqueado, incapaz de escribir nada, he recurrido a él. El libro de los abrazos, Patas arriba: la escuela del mundo al revés o Bocas del tiempo, han sido y serán para mí importantes fuentes de inspiración y un gran remedio contra la página en blanco.

Eduardo Galeano era además uno de los pocos escritores que he conocido que sabía escribir buenas historias sobre fútbol, tal y como demostró en Fútbol a sol y sombra.

Quiero rendirle mi particular homenaje publicando a continuación algunas de las frases suyas que transcribí en mi “libro de miscelánea”.

Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias.

Camina Quito de punta a punta, al derecho y al revés, recorriendo amigos y enemigos.

En Montevideo, hay un niño que explica: Yo no quiero morirme nunca, porque quiero jugar siempre.

Esa tarde nos dejamos caminar, sin rumbo, entre la mar y las vías del tren..íbamos lentos, callando juntos.

Descanse en paz, maestro.

Anuncios

El río de la vida

Los dominios de la hermana María eran estrechos. Apenas un cubículo de cuatro metros cuadrados, apenas un mostrador y una silla. También había un interruptor con el que abría la puerta del colegio.

Cada mañana, de lunes a viernes, delante de su ventana pasaban cientos de niños. Ella les sonreía. Tenía una sonrisa especial para cada uno de ellos, una sonrisa que consolaba, una sonrisa de sor María.

El día que se marchó sólo dejó fotos, recuerdos de todos los cursos desde 1950, instantáneas del río de la vida.