El teatro de las sombras

Estoy en el patio. Empujo el carrito de Jaime intentando que se duerma. Damos vueltas y más vueltas.

Uno de los apartamentos está en obras. El segundo C. Han quitado las ventanas. Parece que van a reformarlo por completo.

Han colocado un plástico para cubrir las rejas de la terraza y las del salón. Hay una luz encendida. Hay alguien dentro, limpiando. Una mujer.

Está oscureciendo. La sombra de la mujer se proyecta sobre el plástico. La imagen recuerda a un teatro de sombras. Me recuerda al teatro de sombras al que me llevó mi padre.

 

Yo acababa de cumplir cinco años. Mi padre ya no vivía con nosotros.

Recuerdo la sala pequeña, la oscuridad. Recuerdo la emoción. Cinco minutos de espera que se me hicieron eternos. Recuerdo la luz sobre la pared. Y la magia.

Un conejo, un ciervo, un camello, un caballo…Los animales fueron apareciendo uno tras otro. Magia.

—¿Qué es lo que más te ha gustado? —me dijo.

—¡El gato! —contesté —Me gustaría tener un gato.

—Hablaremos con tu madre —me dijo.

 

Pero no lo hizo. Creo que se sentía más cómodo entre las sombras que entre las manos que las producían. Quizás. No lo sé. Mi padre sigue siendo un misterio, un misterio que me mostraba la magia, pero que también me mostraba su secreto.

 

Estoy empujando el carrito de Jaime. Se ha dormido. La mujer sigue proyectando su sombra sobre el plástico. Y te hago una promesa: sólo te mostraré la magia.

 

Anuncios

Auténtica magia

El que no cree en la magia nunca la encontrará.

Roald Dahl

 

Ayer estuvimos con Natalia viendo la Cabalgata por la calle Trajano. Las carrozas estaban bien, pero la magia la ponían los niños, emocionándose con los diferentes personajes, con los caballos, con los beduinos, con los caramelos…Auténtica magia durante una hora y media.

Los Reyes Magos han pasado por casa esta noche. A Natalia le han traído una bicicleta. Hace más de treinta y cinco años a mí también me trajeron una. Lo hizo Papá Noel y la dejó en el garaje de la casa que mi familia tiene en Olivares. Una bicicleta BH verde metalizada, mi primera bici. No he olvidado la impresión que me produjo verla. Hasta creo recordar que la bicicleta apareció envuelta en una especie de aureola. Magia.

Hoy me conformo con que Natalia perciba la mitad de la magia que yo sentí aquel día porque así no la olvidará nunca.

El primer beso

El niño apenas tenía quince años. Estaba enamorado de la mujer pero no se atrevía a decírselo.

Ella solo tenía un año más, pero lo notó.

Su amor apenas duró un mes.

Ella lo enseñó a besar, besos furtivos en parques sin nombre. A los treinta días la mujer lo dejó.

El niño descubrió que el amor es eterno mientras dura y se hizo hombre.

Han pasado muchos años. La mujer no lo recuerda, el hombre tampoco.

El niño nunca lo olvidará.

El primer beso, el último recuerdo de su infancia.