Primer amor

Ella le enseñó a besar.

Besos furtivos en parques sin nombre,

besos nuevos,

promesas de inmortalidad.

 

Y ungido por el primer amor

vivió días de rosas.

 

Ella,

la primera mujer,

la promesa de todo lo que había detrás de los besos,

el sueño de la eternidad.

Sólo Ella.

 

No existió nada más,

apenas los ecos de una vida anterior,

apenas los rumores de una vida lejana.

Ella.

Sólo Ella.

 

Algunos siglos más tarde

ella le dijo adiós.

Y más palabras,

cree.

No las escuchó.

Sólo Adiós.

Y descubrió que la eternidad dura mientras dura.

 

Adiós.

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Adolescentes

La mujer miró a sus hijos.

Adolescentes. El menor jugaba con el móvil. El mayor tenía la mirada perdida.

¿Adónde se habían ido sus niños? Le entraron ganas de abrazarlos. No la dejarían.

¿Qué sentido tenía todo? Los odió.

Nunca pensó que podría querer a nadie de esa forma.

El primer beso

El niño apenas tenía quince años. Estaba enamorado de la mujer pero no se atrevía a decírselo.

Ella solo tenía un año más, pero lo notó.

Su amor apenas duró un mes.

Ella lo enseñó a besar, besos furtivos en parques sin nombre. A los treinta días la mujer lo dejó.

El niño descubrió que el amor es eterno mientras dura y se hizo hombre.

Han pasado muchos años. La mujer no lo recuerda, el hombre tampoco.

El niño nunca lo olvidará.

El primer beso, el último recuerdo de su infancia.