Una historia

—Yo solo quería escribir —dijo.

—¿Y qué pasó?  —le pregunté apurando la cerveza.

—La vida pasó. —contestó.

Se incorporó lentamente, como si algo le pesara mucho por dentro, se envolvió en un tabardo de otra época y se marchó sin decir nada más. Esa fue la última vez que lo vi.

Me gustaría que su historia acabara bien. No lo creo. No se inventaron finales felices para las personas como él.

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Whisky

El hombre se tambalea mientras cuenta las monedas. Hay una botella de whisky sobre el mostrador. El hombre sonríe y balbucea algo ininteligible. Conozco esa mirada. Mañana le dolerá la derrota.

Lo sé porque yo he sido ese hombre.

Lo sé porque cada noche despierto con la boca seca.

Lo sé porque yo también tengo miedo.

La Fábrica de la Luz

Rocío tiene muchos pájaros en la cabeza.

Los pájaros le hablan y le cuentan historias. Ella las escucha y después las escribe. También las pinta. Fabrica cuentos que envía muy muy lejos.

Las personas que reciben los cuentos de Rocío son muy afortunadas.

En realidad los cuentos no son para ellas, son un regalo para el niño que fueron cuando eran niños.

Ese niño se pone muy muy contento.

Es agradable que te recuerden de vez en cuando y más agradable si lo hacen con un cuento,
de Rocío,
desde la Fábrica de la Luz.

Sueños en tecnicolor

Y soñaba.

 

Soñaba en azul,

verde,

amarillo

y algo de rojo.

Después despertaba y transformaba sueños en historias

sobre un cuaderno.

 

Un día empezaron a pagarle por el gris.

Vendió el cuaderno.

 

A veces levanta la cabeza y mira a su alrededor,

le falta algo,

no recuerda qué.

 

Todo está en blanco y negro.

Biografías VII

Había nacido para ser cura.

Le gustaba la estética

de los ritos,

ayudar a la gente,

y Dios,

sobre todo le gustaba Dios.

 

Había nacido para ser cura.

A los diecisiete años

se enamoró.

Dejó el seminario.

Aprendió a tocar la guitarra

para ganarse la vida.

Llegó a tocar con los buenos,

al menos con tres de ellos.

 

Había nacido para ser cura.

A los veintiún años,

dos semanas antes de su boda,

Dios se llevó a su novia.

 

Fue solo a la luna de miel

y lloró la vida

que no viviría.

Fue a México.

Juró no volver a tocar

la guitarra y

se reinventó de camarero.

Algo temporal,

se dijo.

 

Han pasado cincuenta años.

Sigue en México,

no ha vuelto a musicar,

sigue siendo camarero.