He tenido un sueño

…contemplar la vida como un buscador de tesoros y el mundo como la cueva de Aladino.

Jeffrey Moore, Los artistas de la memoria

Me despierto temprano, pongo café americano a calentar y cuando termina de hacerse, tomo un primer sorbo que me sabe a aventura. Estoy listo.

Me siento detrás en el escritorio, un mueble de principios de siglo que compré a un anticuario del centro. Es perfecto. Tiene todo tipo de huecos y escondrijos para organizar cuadernos, bolígrafos, lápices y papeles. También tiene cajones para guardar los escritos de forma ordenada.

El escritorio ocupa el centro de la habitación que hace las veces de despacho. Las paredes están tapizadas con estanterías que van del suelo al techo. Las estanterías están repletas de libros. Están todos los clásicos y también los modernos organizados por estricto orden de adquisición.

Doy otro sorbo al café, abro el cuaderno de haikus y escribo:

Cinco sílabas
Siete para el medio
Cinco al final

Leo lo escrito y, satisfecho, cojo el cuaderno de relatos breves:

Necesito un buen principio, una frase que percibas primero en el estómago y que tengas que leer tres veces para terminar de degustarla.

Después vendrá un desarrollo que irá de menos a más, un desarrollo que, palabra a palabra, irá tejiendo una tela de araña alrededor tuyo.

Solo dejaré una pequeña salida, apenas un agujero que conduce a un final luminoso y a la vez oscuro. Dependerá de ti. Dejaré la frase final escrita en tu interior, para que puedas evocarla el resto de tu vida.

Releo lo escrito. Hoy va a ser un gran día.

Abro un tercer cuaderno con el título de Novela. Repaso algunas anotaciones de días anteriores y corrijo algunas cosas, no demasiadas. La historia va tomando forma. Sus personajes empiezan a tener vida propia. ¿Adónde me llevarán hoy?

Tres haikus, un relato breve y dos capítulos después, recojo mis enseres y los guardo de forma ordenada en el mueble escritorio.

Me siento lleno de energía, vivo. Me dispongo a ducharme para pasar el resto del día observando la vida en busca de semillas de historias.

Entonces noto que alguien me zarandea:

–          Despierta, vas a llegar tarde. ¿Te pasa algo?

–          No, solo era un sueño.

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Biografías I

Había tenido mala suerte.

Decisiones.

Decisiones equivocadas desde los quince años.

Ahora tenía treinta, una hija adolescente y un contrabajo.

Se ganaba la vida tocando jazz en bares del centro.

Durante el día era madre, una de las buenas.

Por la noche era música, cuando musicaba resplandecía.

Recuerdos de una mañana de invierno

Así empezó. Empezó, Folco, con esa sensación de libertad infinita que deseo a todo hombre o mujer del mundo.

Tiziano Terzani

Serían las doce del mediodía de un día soleado de invierno. Me encontraba en el despacho de mi jefe, preparando una reunión que teníamos un día después. El despacho da a una terraza de unos diez metros desde donde hay una vista espectacular del Aljarafe. En un descanso, un compañero me preguntó si sabía el nombre de un pájaro negro que estaba posado sobre una maceta. —Están por todas partes y tengo curiosidad— me dijo. Miré por la ventana y lo vi. Un pájaro negro, del color de mi traje, con un pico rojo ni grande ni pequeño. —No tengo ni idea— contesté.

¿Qué más daba? Sentí envidia del pájaro, mucha envidia. El pájaro estaba disfrutando de una mañana cojonuda al aire libre y ahí estaba yo, enchaquetado y encerrado, preparando una estrategia de negociación que probablemente mi jefe cambiaría de arriba abajo minutos más tarde. El pájaro, Pájaro, era libre, podía salir volando en cualquier momento y seguir disfrutando de ese impresionante día de invierno. Y lo hizo; desplegó sus alas y se alejó lentamente, sin prisa, con elegancia.

Yo me quedé en el despacho discutiendo cosas de hombres y deseando que a mi traje le crecieran un par de alas para poder acompañarle. No sucedió.

Cinco minutos después mi jefe cambió la estrategia de negociación. Sucedió hace casi un año. No recuerdo qué íbamos a negociar. A Pájaro lo recuerdo perfectamente.

Viento

A mi pueblo no llegaba mucha gente.

Un día se estableció en la orilla del río una caravana de gitanos. Con ellos viajaba Estrella.

Mujer morena de ojos verdes, me atrajo su belleza de reina mora, pero me enamoré de su libertad.

Estuvimos juntos todo el verano e hicimos planes para el invierno, pero nuestro invierno no llegó.

Fue por aquella época que descubrí que no se puede atrapar el viento. El viento viene y va, pero sobre todo va.

¿Qué pasó con el pez que caminaba por la orilla?

Caminando por la orilla el pájaro soñó que era un pez. Cuando llegó la ola, voló.

Escribí el micro cuento anterior hace un año tal y como conté en Historia. Durante un tiempo estuve bastante orgulloso de mi creación; un texto simple pero cargado de significado, muy visual. Solía referirme a él como la obra cumbre de la literatura infantil

Fue mi cuñada Mariluz quien me hizo cambiar de opinión:

–  No está mal. ¿Cómo continúa?

– ¿Cómo continúa? No continúa. Es así.

– Ah.

¿Cómo continuaba? Le estuve dando vueltas durante unos días y finalmente, un sábado por la mañana, conseguí escribir las diez frases que completaron la historia del pájaro que caminaba por la orilla y soñó que era un pez.

Pensé que con unas buenas ilustraciones podría quedar bastante bien y se lo comenté a Celia Ruiz. Celia no había hecho nada parecido, pero decidió intentarlo e hizo unos bocetos con los protagonistas de la historia.

Boceto cuento

Uno de los primeros bocetos de Celia

Celia terminó las ilustraciones y Vanessa, una amiga suya, las maquetó integrándolas con el texto. Hace una semana que encargamos la impresión de diez ejemplares para poder presentarlos en algunas editoriales especializadas.

Personalmente creo que ha quedado muy bien. ¿Qué os parece? (Disculpad la mala calidad de las fotografías. Podéis hacer clic sobre ellas para ampliarlas.)

Portada

Portada

Interior

Interior

Ps. Si alguna vez os encontráis con este libro en alguna librería, no dudéis en comprarlo. Os aseguro que no os defraudará.